Una última pregunta
Por Altair
Nunca me preguntaste por qué tomé aquella decisión. No sé si en tu mente era la alternativa lógica: cualquier persona –tal vez pienses– debe seguirte sólo porque tu causa representa lo bueno, lo noble y lo magnánimo. O quizá ya pienses que, si no seguimos tu causa, entonces debemos seguirte a ti. Incluso aunque dejemos atrás una vida anterior y, más aún, a los viejos amigos.
Tal vez ya lo des como un hecho que no se cuestiona ni se medita. Es una decisión que se toma y ya.
Pero jamás fue así, al menos en mi caso.
Me pregunto qué tanto sabes sobre mí. Pocas veces te tomaste el trabajo de hablar conmigo y preguntarme qué pensaba o qué sentía. En alguna ocasión me preguntaste cómo me llevaba con mis compañeros, y en otra si conocía alguna información que le resultara de utilidad a la brigada. La primera respuesta fue sí, imagino que con alguna postdata casual. La segunda fue no, sin postdata, pero con la oferta de ayudarte en lo que fuera posible. Y en ambos casos, supongo, te diste por bien servido y por eso jamás me preguntaste cuáles habían sido los motivos detrás de mi decisión.
Aún cuando nunca hiciste esa pregunta, a veces te comportabas como si fuéramos amigos.
Inevitablemente regreso a aquel momento en el polo, en medio de una tormenta de nieve semejante a la que me atrapó en la Tierra por primera vez. Llegué justo a tiempo para defenderte contra los que, hasta ese instante, habían sido mi líder y mis compañeros. No preguntaste por qué lo hice, ni entonces ni nunca. Insisto, tal vez pensaste que había decidido seguirte porque eso era lo correcto, porque tu causa era la más noble y porque eso era lo que debía hacer. O quizá lo atribuiste a tu carisma. Quizá razonaste que la nobleza o el carisma bastan para arrancarse una insignia del pecho y ponerse otra. Posiblemente estés en lo correcto.
Pero pierdes de vista algo muy simple.
No bastan para dejar atrás a tus amigos, y menos para convertirlos en enemigos. Y yo lo hice.
Por tu causa. O tal vez por ti y por lo que en aquel momento representabas.
¿En verdad crees que mereces tanto? ¿Que mereces que alguien, por más defectos que tenga, abandone a aquellos a quienes estima sólo porque tú y los tuyos “están en lo correcto”, hacen lo que está bien y luchan por sus ideales? ¿Sólo porque pretenden –perdón, pretendemos– defender las causas buenas y justas? ¿Sólo porque, en teoría, somos autobots?
Me encantaría poder afirmar que lo anterior no es cierto. Decir hoy y ante todos, y sobre todo frente a ti, que ésas fueron mis razones. Que decidí cambiar de bando y seguirte ante la insensibilidad que mi grupo había demostrado ante los seres humanos y ante la Tierra. Que mis motivos se debieron a la mentalidad científica que poseía, donde todo y todos somos importantes. Que, por qué no, aspiraba a ideales más altos. Que por eso no me importó combatir contra viejos amigos ni luchar contra gente a quien quería.
Que no me dolió dejar atrás a personas que en algún momento me quisieron.
Pero estaría mintiendo.
Porque sí, decidí abandonar a mis compañeros por defender a los humanos, quienes no tenían nada que ver en nuestra guerra... pero no fue sólo por ellos y por su planeta. Hay muchos lugares como la Tierra, y eso tú lo sabes mejor que nadie.
Porque sí dolió abandonar a viejos amigos, y más aún, pelear contra algunos por defenderte... pero en ese momento bloquée lo que sentía e hice lo que creía que era correcto.
Porque en realidad lo hice por ti y por lo que representabas. Porque defenderías a la Tierra. Porque estaba haciendo lo correcto.
Porque los autobots siempre están juntos. Somos los buenos, somos amigos y ninguna diferencia entre nosotros basta para separarnos.
Nunca me lo preguntaste. Jamás te lo comenté. Fue mi decisión y no me arrepentía, siempre que pensara que estábamos luchando por lo correcto, por los humanos y por su hermoso planeta, porque estaba defendiendo a mis nuevos amigos y en parte porque tú representabas lo único bueno que existía en medio de esta guerra.
Pero hoy, esas preguntas vuelven a azotarme.
Después de haber pasado por lo bueno y por lo malo, por la pérdida y por el dolor, por el sufrimiento y por los combates, tras haber perdido amigos, tras ser odiado por quienes antes me apreciaban, y tras haber sido humillado en nombre de lo que supuestamente defendemos, hoy...
Hoy decides que la Tierra no es tu prioridad.
Hoy decides que muchos de nosotros no somos tu prioridad.
Hoy demuestras que sí, somos autobots, estamos en el mismo bando, pero que no somos amigos. Que tal vez nunca lo fuimos.
Tu prioridad está en otro lado. Sé que es Cybertron, pero para mí podría ser otro planeta u otro universo, y me daría igual.
¿Para qué, entonces, tanta lucha? ¿Para qué tantos combates? ¿Para qué ser humillado y dejar la sangre en el piso? ¿Para qué dejé a mis amigos? ¿Para qué los convertí en enemigos que no necesitaba?
¿Para que hoy no te interese aquello por lo que peleamos?
¿Para que hoy dejes atrás a quienes lucharon por ti y te defendieron sin importar lo que les iba en ello?
¿Para que hoy me dejes sin amigos, sin aquellos a los que renuncié por defenderte y sin aquellos que creía que tenía, de los cuales tú eras uno?
Si iba a ser así...
¿Por qué no me lo advertiste aquel día, en el polo?
Skyfire miró las palabras que había escrito. Las leyó y releyó y, finalmente, seleccionó todo el texto y lo borró. No las había escrito con la intención de que llegaran a manos de Prime, pero tenía que desahogarse en algún lado. Tal vez así, esperaba, conservaría una mejor imagen de su líder, achacándole pecados pequeños y no el que realmente le dolía.
Pero no sirvió. Sabía que había faltado una pregunta.
¿Por qué no le había pedido que participara en la que podría ser su última cruzada?
finisart imitates life