El sueño (una sidestory de Guía)

Por Altair

Para Daga en su no-cumpleaños.

Inspirada por "eran el sueño", una de las frases que Furman-sensei, creador de Primus, usa con más frecuencia.

La tumba siempre estaba sola pero bien iluminada, como si la presencia de una luz tan cálida como el fuego sustituyera la presencia de algún visitante. A pesar de lo mucho que se había amado a los ocupantes de la tumba, nadie juzgaba las escasas visitas de los demás, o primero tendría que juzgarse a sí mismo.
El único que estaba libre de toda acusación era Bumblebee.
Como todas las semanas, sus pasos se escuchaban con claridad, el sonido rebotando contra las paredes metálicas del mausoleo. Aunque el paso del tiempo y el sufrimiento de la guerra no habían afectado su andar alegre, dentro de la tumba adquiría cierta gravedad. Como si en lugar de ser uno de los autobots siempre más jóvenes, su espíritu fuera tan viejo como el de aquellos que habían sido sepultados ahí un año atrás.
Era rara la ocasión en la que Bumblebee se detenía a ver las tumbas individuales, ni siquiera la de Optimus Prime. De algún modo, sabía que aunque ahí estuvieran los cuerpos de sus amigos eso no significaba que ellos estaban ahí. Sus almas estaban en la Matriz, o vagando por el universo o en cualquier otro lugar. Seguro que no se habían quedado dentro de una estructura metálica y solemne, por mejor iluminado que estuviera. Pero Bumblebee había comenzado a recopilar las crónicas del tiempo que habían pasado en la Tierra, y regresar a ese edificio con frecuencia le ayudaba a escuchar con más claridad las voces de sus amigos y a recordar todos los detalles detrás de cada anécdota.
Quizá sus amigos regresaban a la tumba sólo cuando alguien los visitaba, o al menos para verlo a él.
No se detuvo hasta que llegó a la fuente que había en el centro del edificio. Su agua, brillante y cristalina, no se detenía aunque la tumba no recibiera visitante alguno, y su sonido era lo único que se escuchaba además de sus pasos. El tintineo de agua contra agua y contra metal siempre lo inspiraba.
Sonrió débilmente y se sentó en una de las bancas colocadas alrededor de la fuente. Preparó el equipo de grabación con el que solía registrar su voz, pues había descubierto que se inspiraba más cuando hablaba consigo mismo que cuando directamente escribía sus pensamientos; suspiró y, sin dejar de mirar el agua en eterno movimiento, confesó:
– Otra vez soñé con ustedes.
Aunque le respondió el silencio, Bumblebee sintió como si sus amigos lo escucharan, y continuó.
– No recuerdo a cuáles de ustedes se lo comenté, pero según Spike, los transformers soñamos diferente a los humanos. Ellos sueñan mientras duermen y el cerebro activa un proceso que no terminé de entender. A veces alucinan y en otras sueñan que están en el trabajo, que debe ser muy aburrido. Pero lo más curioso es que cuando despiertan, muchas veces olvidan lo que soñaron.
Su sonrisa se volvió más abierta.
– Olvidar los sueños... ¿Pueden creerlo? Spike no me creía cuando le dije que nosotros soñamos muy de vez en cuando, pero nunca lo olvidamos. Decía que si eso le pasara a los humanos, no tendrían espacio suficiente en su cerebro para guardar todo. Pero no he conocido a un solo autobot que olvide lo que sueña. Que no lo cuente es algo distinto.
De momento, y aunque estaba solo, fue como si Bumblebee dudara si continuar o no. No había nadie que lo criticara o que lo juzgara, al menos nadie vivo. Pero en ocasiones le resultaba más difícil hablar si sólo los muertos lo escuchaban.
– He escuchado que éramos el sueño. No sé si creerlo o no.
Nadie respondió a su confesión. Bumblebee fijó la vista en el agua, como si en todo Cybertron no existiera nada más importante que la fuente que tenía enfrente.
– Magnus lo dice de vez en cuando, sobre todo cuando habla con Kup o con algunos de los autobots más viejos. Cuando lo hace, los más jóvenes entendemos por qué dicen que debería haber sido un sacerdote y no un guerrero.
Y con voz queda, añadió:
– El sueño de Primus. Los protectores del planeta que encierra su esencia y de la Matriz que guarda su esencia, y las nuestras con la suya. La última línea de defensa contra Unicron, el-que-trae-el-Caos, destructor de Universos y señor de la Nada –y en voz más baja, concluyó– Vaya sueño que somos, ¿verdad?
La caída continua del agua había provocado un poco de vapor en la base de la fuente. A ratos parecía más denso que en otro, y cuando ocurría, Bumblebee sabía que sus amigos lo estaban escuchando aunque no pudiera verlos.
– Supongo que es como... Verán, Spike me contó que cuando descubrió que estaba enamorándose de Carlie y soñaba con ella, nunca sabía dónde empezaba la realidad. Siempre soñaba que estaban en el parque de diversiones a donde yo los acompañaba, pero que en esas ocasiones yo no iba, y ella le sonreía y él al fin reunía el valor para extender la mano y acariciarle el cabello. Si alguien le hubiera dicho que sería Carlie quien le confesaría su amor, se habría muerto de la pena. Y yo de la risa, la verdad.
Sabía que sus amigos entenderían el por qué. Todos habían conocido y querido a Spike y a Carlie, y varios de ellos también habían amado durante el transcurso de sus vidas.
– Pero entonces, –continuó Bumblebee, extendiendo la mano hacia el frente como si con ese gesto pudiera explicarse mejor– justo cuando estaba a punto de tocar su cabello en la punta de sus dedos, sólo sentía la tela de las cortinas o el frío del aire que había dentro de su habitación. Y se despertaba y entendía que sólo era un sueño y que no había avanzado nada. No sé, creo que eso es lo que siente Primus. Nosotros somos ese sueño interrumpido.
Le pareció que el agua saltaba con menos alegría que antes. Bajó la vista, viendo el piso sin mirarlo en realidad.
– No necesitan pedirme que no lo diga frente a Magnus. Sé que miraría con ojos muy tristes y no tengo corazón para hacerle eso. Pero sé que me comprenden. Él es el único que cree que la guerra podría terminar si nos sentáramos a platicar con los decepticons o recuperáramos el culto a Primus, lo que ocurra primero. Pero ni siquiera Rodimus o Kup lo creen.
De nuevo lo rodeó el silencio. Bumblebee suspiró, sin darse cuenta que había dejado de sonreír.
– Creo que por eso quería venir a platicar con ustedes. Ayer se me ocurrió de repente que Primus debe sentirse muy decepcionado. Creó una raza y depositó todas sus esperanzas en nosotros y a todos nos convirtió en Elegidos, pero un día tuvo que descubrir que sus creaciones somos imperfectas y que nos habíamos dividido en bandos y en grupos y en pandillas y en que no tenemos objetivos comunes y que tenía que escoger a un solo Elegido, y eso debió ser duro para él. Quiero decir, yo puedo venir a contarles lo que pienso y lo que siento y lo que sueño, pero Primus, ¿a quién se lo dice?
Hizo una pausa.
– Podría decirles que yo preferiría haber soñado toda mi vida, pero no es así. Jazz sí les diría eso. A mí me gusta la realidad, pero también es cierto que no he vivido lo que Jazz. O podría decirles que entonces desearía nunca haber soñado, pero eso es algo que diría Grimlock. Él nunca cuenta sus sueños. Tal vez no sueñe. Pero a mí me gustan los míos.
Y en eso, volvió a sonreír.
– A eso venía, ¿no? A contarles mi sueño. Pero siempre me distraigo...
Su gesto se tornó más abierto y sus ojos brillaron. Volvió a alzar el rostro, hablándole a la fuente como si en su vapor estuvieran las almas de sus amigos.
– Estaba de regreso en la Tierra, justo afuera del Ark, como si acabara de salir de él. Sentí el sol acariciando mi cuerpo, y creo que se debe a que aquí siempre hace frío. Estoy con Spike y Carlie, aunque los veo todavía jóvenes, y Sparksplug está con nosotros. En eso, volteo a mi alrededor y los veo a ustedes. Tú, Wheeljack, hablas con Ratchet sobre cómo mejorar a los Dinobots, como si no fuera obvio que el daño ya está hecho y que además nunca tuvo compostura. Bluestreak no deja de hablar y Brawn le dice que si no se calla lo callará, pero Bluestreak le dice que está amargado y sigue hablando. Sideswipe mira las dunas fascinado, como si al fin entendiera lo que Hound le ha contado sobre el desierto, y es como si Ironhide se olvidara de la guerra porque fija la vista en el sol. Prowl hace lo mismo, aunque sé por algún motivo que no ha dejado de hacer planes aunque esté callado.
Su sonrisa se volvió más nostálgica.
– En eso, Prime, te me acercas. Me pones la mano sobre el hombro para llamar mi atención. Y me dices que todos están orgullosos de mí. Y en eso despierto y me siento feliz y contento durante el resto del día.
No necesitó decir en voz alta lo que pensaba. Que realmente creía que eso era lo que sus amigos pensaban. Habían pasado muchos años desde que los autobots lo habían rescatado de la Fosa de la Fundición donde los decepticons lo habían encerrado, y desde que Bumblebee había decidido hacerse digno de aquel grupo.
Quizá ya lo había logrado. Quizá, pensaba, por eso ya le había llegado la hora de detenerse y contar la historia de todos.
Sintió como si se sonrojara, y no supo si tomarlo como una respuesta afirmativa que le confirmara que sí, sus amigos estaban orgullosos de él. Agitó la cabeza un instante y se apresuró a añadir:
– El que me preocupa es Jazz.
Dudó un instante, como si eligiera las palabras más apropiadas, y continuó:
– Los sueños, o bueno, el sueño que Jazz me contó, es parecido. También los ve a ustedes fuera del Ark, pero Mist los acompaña. También los ve contentos. Pero ustedes le dicen que lo están esperando.
En eso, el flujo del agua se interrumpió. No era frecuente que ocurriera, y no era la primera vez que pasaba durante una de sus visitas, pero aún así, Bumblebee sintió un escalofrío.
– Cuando me lo dijo, sólo pude verlo en silencio, espantado. No le dije nada, pero seguro que comprendió que iba a pedirle que no se hiciera ideas. Pero después de eso, no ha vuelto a contarme uno de sus sueños. Y me da miedo pensar que hay sueños, pero también visiones. No sé...
Sin darse cuenta, se puso de pie aunque no se movió del lugar en donde estaba.
– Quiero decir, nosotros no podemos tener visiones, ¿verdad? Yo nunca he tenido una. Jazz tampoco puede, ¿o sí? Porque si no es así...
Significaba que Jazz moriría pronto a pesar de su juventud, pensó. Pero no se atrevió a decirlo.
– No –empezó a decir sin pensar.– Nosotros no tenemos visiones. No tenemos profetas, nunca los tuvimos. ¡Hasta Primus se equivocó!
Le respondió el silencio.
– Jazz delira –murmuró.– ¿Verdad?
Por unos instantes no hubo sonido alguno a su alrededor. Al menos hasta que, muy suavemente, el agua volvió a correr.
Entonces, Bumblebee comprendió que tal vez había visitado la tumba no sólo para hablar con sus amigos ni para recordar los viejos tiempos. Tal vez sólo había necesitado ánimo. O apoyo. Y decidió que lo había recibido y que todo estaba bien de nuevo, y se obligó a sonreír mientras recogía sus cosas y murmuraba una despedida, los extraño, nos vemos la próxima semana.
Temía que llegara el momento en que, como Primus, despertaría y se encontraría tocando aire.
Nunca habían sido el sueño. Sólo una imperfecta realidad.


finis

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