Los derechos del autor (y del lector) de blogs


Por Altair



Como no tengo en qué perder el tiempo, la reciente guerra de blogs me ha dejado pensando muchas cosas. Lo que nunca dejará de sorprenderme es el berenjenal tan grande que se hizo por un CD.
Y es que creo que hubo más en juego que la opinión de alguien sobre si un cantante ha empeorado desde que se mudó a otro país o si llegó el momento de defender a la patria o ene número de tonterías que no vienen al caso. Lo que realmente está en discusión es... quienes participaron de uno y otro lado del pleito, ¿están conscientes de lo que implica usar un blog?
Desde que tengo a Quidam, me he cansado de contar el número de veces que se usa el argumento de "Es mi blog y en él escribo lo que se me da la gana" por parte del escritor. También me he cansado de leer críticas hacia lo que alguna persona escribe por parte de los lectores. Lo que bota de esta última guerra es que las personas que criticaron la opinión que alguien puso en su blog... son quienes mas escriben la frasesita famosa del "es mi blog" después de sus posts más crudos.
¿Soy la única que ve la contradicción?
Pero vamos por partes, como dijo Jack el Destripador.
Un blog, o al menos como lo usamos las personas que leen esto, quienes estuvieron en el pleito y yo, es una especie de diario personal. Punto. Quienes hayan mantenido un diario en alguna etapa de su vida saben por experiencia que en un diario se vacían pensamientos, ideas, aventuras del día, sueños, odios, cariños y demás, sin pensar siquiera si les provocarán pena en un futuro. Un diario es un ejercicio liberador que le pertenece únicamente a la persona en cuestión, aún cuando su ilusión de privacidad se base en un candado que se abre con sólo verlo.
Pero el que un blog pueda usarse como diario no significa que sea exactamente igual. Sí, pueden vaciarse los mismos escritos, pero la idea del candado protector no existe. Ni siquiera cuando existe un blog privado, que siempre hay formas de encontrarlo.
Si un diario, y por ende un blog, es un ejercicio liberador, eso significa que el autor tiene el derecho a escribir lo que quiera en él. Aun cuando sean estupideces y confesiones sobre las personas que no le simpatizan. Porque, ¿cómo iba? Ah, sí... Es su blog y en él escribe lo que se le da la gana.
Por desgracia, hay quienes no parecen comprender eso. Y esto lo digo por experiencia: nunca faltará alguien, bien o mal intencionado, que opine sobre lo que escribes. Quizá no les falte razón en opinar. Incluir una dirección de e-mail, un link para comentarios o un tagboard invita al comentario. Y ahí viene, de nuevo, la gran pregunta: ¿hasta dónde llega la libertad para escribir de lo que se quiere?
Respuesta: hasta donde esa persona esté dispuesta a llegar. Le guste o no a los demás.
La verdad, respeto a las personas que opinan lo que quieren en sus blogs, aun cuando sean tonterías o estupideces que lo único que consiguen es que medio mundo las odie. ¿Por qué? No por sus ideas en sí, sino por el hecho de que yo dejé de escribir lo que quería en mi blog. Sí, lo uso más para ensayos y críticas y cosas así. Pero en algún momento, mi diario reflejaba no sólo lo que pensaba o analizaba, sino lo que *sentía*. Y eso se perdió hace tiempo.
¿Es correcto censurarse a uno mismo para agradar/ no tener conflicto con los demás? ¿Vale la pena? Hoy conozco la respuesta.
NO.
La mayoría de las personas no agradecen que tengas la delicadeza de no intentar ofenderlas o de ser políticamente correcta.
Eso trae la otra parte de la contradicción. Entonces, si el autor tiene el derecho a escribir lo que quiere en su blog, ¿tiene derecho el lector a ofenderse si lee algo que no le parece?
SI. Sí lo tiene.
Pero a lo que creo que no tiene derecho es a armar un brete y una guerra de blogs por no estar de acuerdo con las ideas que alguien más escribió en su blog, donde tenía derecho a escribir lo que quisiera (aun cuando fueran estupideces).
Explícome.
En los extraños días en que llego a ir a Fanfic.net, leo los sumarios de muchos fanfics que me desagradan. Pero el autor tiene el derecho absoluto a escribir lo que quiera, aun cuando sea un Dumbledore/Dobby. La idea puede repugnarme, pero es su derecho. ¿Qué puedo hacer para manifestar mi desagrado?
Una es dejarle un review lleno de mala leche donde le explique por qué Dumbledore/Dobby es tan malo como matar gatitos y que, por lo general, sólo nos provocará una ulcera mutua y no nos servirá de nada.
La otra es mas simple: dar BACK a mi navegador.
Porque aunque fuera negativa, mi review seria una más que antes no tenía.
Es irónico que en el mundo de los bloggers actuales, donde importan tanto las visitas y el contador y las estadísticas y el hecho de que un pasatiempo personal equivalga a un concurso de popularidad cibernética, nadie comprenda la fuerza que tiene la decisión de ya no visitar un sitio.
También es irónico que quienes más critican son quienes más defienden su derecho a escribir lo que quieran y a maldecir cuando quieran. (¿Mi opinión? Bullshit. Todos tenemos el mismo derecho a escribir lo que queramos)
Lo mas irónico es que un ejercicio en teoría liberador tenga que censurarse para no ofender las conciencias ajenas.

Sé que la persona que inició la bronca nunca leerá este ensayo. No me interesa que lo haga. Pero ahí está mi conclusión: opina lo que quieras, aun cuando a mi juicio sean tonterías, es tu blog, tienes el derecho de escribir y de pensar lo que prefieras y de escribirlo si eso es lo que te viene en gana.
¿Y yo? Tengo el derecho a no leerte, a no visitarte, a no incrementar tu contador, a no ponerte un link y a jamás volver a acordarme de tu blog, al menos hasta la próxima guerra virtual cuando mi ansia de marujeo sea mayor que mi prudencia.
Y tutti contenti.


Gráficos proporcionados por