Siete

Por Altair


Avaricia
Durante la primera semana, Fred y George contaron y volvieron a contar los galeones que Harry les había entregado. Nunca habían visto tanto oro, y si no le daban un buen uso, no volverían a hacerlo.
Encerrados en su habitación, armaban torres de monedas que resplandecían cuando las tocaban los rayos del sol.
Les tentaba la idea de no gastar el dinero. ¿Y si su plan no funcionaba? ¿Y si guardaban los galeones y los usaban sólo si era necesario?
Siete días después, Fred y George salieron de su habitación. Traían monedas en los bolsillos y determinación en la mente.


Gula

Ausente, empezó a comer un dulce. No fue sino hasta que cambió la página de su revista que notó que se había terminado.
Ron escuchó mentalmente la voz de su madre. Estaba comiendo demasiado, aunque cada vez se pusiera más delgado y alto. Quizá era su metabolismo.
O tal vez era una compensación. A pesar de lo amorosa que era, su madre nunca recordaba su color favorito. O qué le gustaba comer.
Cada dulce de Honeydukes borraba el sabor —y el recuerdo— de un emparedado o de un jersey.
En segundos, Ron tomó otro caramelo y volvió a su revista.


Ira
Ginny estimaba mucho a Harry y tendría que pasar algo terrible para que dejara de hacerlo.
Pero sentía un nudo en la garganta cuando escuchaba cómo, a la menor provocación, le gritaba a Ron y Hermione. Su hermano y su amiga eran demasiado prudentes. Ella ya habría respondido bruscamente a su rutina de “pobrecito de mí”.
Harry no era el único que se había enfrentado a Voldemort. No había sido el único en peligro. Muchos se habían enfrentado a él y sufrían, y sin embargo, seguían adelante.
Como ella.
Una amarga sensación de furia dominó la boca de su estómago.


Envidia

Todos pensaban que era un chico bueno. Tenían razón, pero Neville sabía que se quedaban en la superficie. Él sentía mucho más.
Miró a Ron, quejándose amargamente de los problemas que causaban los gemelos. Él daría todo por tener hermanos.
Miró a Hermione, quejándose amargamente de lo cansada que estaba por sus deberes. Él daría todo por tener su inteligencia.
Miró a Harry, quejándose amargamente de lo que le había tocado vivir. De momento, envidió que sus padres estuvieran muertos.
Neville bloqueó de inmediato aquel último pensamiento, por involuntario que fuera, y siguió siendo el chico bueno que todos conocían.

Soberbia
Nadie lo comentó en su momento, y no lo hicieron durante las vacaciones de verano.
Pero cuando volvieron a Hogwarts aquel septiembre, cada uno de los cinco sentía cierta inquietud cuando miraba a Hermione. Ella no se daba cuenta, y si lo hizo, tampoco lo demostró.
Aquella noche de junio, habían escapado de Umbridge y habían llegado a Londres. Pero Hermione había estado dispuesta a permitir que los centauros mataran a su odiada maestra.
Lo que les preocupaba era que no parecía arrepentida. Al contrario. Estaba absolutamente convencida de que había hecho lo correcto.
¿Habría sido ése su verdadero plan?


Pereza
Había algo que pocos sabían sobre la muerte de su madre. Falleció durante un experimento que, de triunfar, acabaría con la Muerte. Cuando ocurrió el accidente, se enfrentaba a la dificultad de recuperar a alguien cuyo cuerpo estuviera bajo tierra.
Ni siquiera su padre sabía que Luna había continuado con la investigación. Ahora tenía el objetivo ideal: Alguien que había caído directamente dentro del Velo.
Ese verano, cada vez que comprendía que aún así no recuperaría a su madre y se negaba a salir de su cama, bastaba un pensamiento para sacudirse la pereza.
Si lo lograba, Harry estaría contento.


Lujuria
La sentía. Empezaba en su piel, se extendía hacia su interior y tocaba su alma. Era la primera vez que la percibía aunque Dumbledore la había descrito años atrás.
Harry no pensaba en otra cosa. Se parecía a lo que sintió durante aquel beso con Cho: Semejante a la electricidad, pero mucho más agradable.
Por algún motivo, la protección que su madre había dejado en él se había vuelto muy fuerte, al grado de percibirla aunque no estuviera en peligro. La vibración que provocaba embriagaba sus sentidos.
Haría cualquier cosa por conservarla. Cualquiera.
Por primera vez, Harry comprendió a Voldemort.

Reto: Pecados Capitales



Material provisto por