El quinto Halloween
Por AltairEra el exceso de azúcar, Remus dijo, o no reirían con tanta fuerza y tan poca motivación. El banquete había terminado, y los cuatro amigos corrían por la escalera. Había notado que Evans sonreía (quizá pensando que él no se daría cuenta), y eso le alegró más el corazón.
Apenas estuvieron dentro del cuarto, Sirius empezó a saltar sobre su cama. Peter le dijo algo que no alcanzó a escuchar y, en instantes, tenía encima un enorme perro negro.
James se dejó caer sobre su cama, riendo sin contenerse. Por algo Halloween era su día favorito de todo el año.
A su alrededor dominaba la alegría; en su interior, el temor.
Presentía que todo estaba a punto de terminar. Si Voldemort no era derrotado, quizá significaba que su muerte estaba próxima. De cualquier modo, terminaría.
Había salido de su escondite, aprovechando la confusión de Halloween, para visitar a Peter y preguntarle si necesitaba algo. Caía la noche y su obscuro manto lo ocultaría.
Cuando llegó al escondite, lo encontró vacío. Sobre la mesa, que no había sido ocupada en días, había un papel con una dirección.
Sirius lo leyó. Al instante, la angustia dominó su alma.
No llegaría a tiempo.
Era una fiesta familiar pero divertida. Había calabazas en el comedor y telas, imitando fantasmas, flotaban en la puerta.
Niños pelirrojos habían correteado por todos lados, y la noche sólo aumentaba su emoción.
Los gemelos no tardarían en buscarlo. Siempre abusaban de él sin pretexto alguno. Ahora que sí lo tenían, debía esconderse.
Levantó una de las tablas del piso, se escurrió por la abertura y, cuando supo que estuvo a salvo, se durmió.
Soñó con un Halloween en el Gran Comedor. Soñó con una madrugada en Londres. Soñó con su verdadero nombre.
Pero Scabbers, al despertar, ya no recordaba.
En cada habitación, encontraba recordatorios de que había un asesino suelto, aunque quería olvidar por qué se acercaría a la escuela (la misma razón por la cual lo habían contratado, con la esperanza de que fuera el primero de muchos años).
No importó que Remus se sintiera mejor, o que conversara con el profesor Flitwick (Filius, dijo que le llamara Filius). Su mente estaba lejos.
Pero no en un Halloween de doce años atrás.
Más bien, en un perro negro saltando desde una cama. En un acceso de locura repentina posterior al banquete.
En un tiempo de amigos e inocencia.
Siempre lo veían contento, a pesar de la fecha. Y claro que Hermione recordaba la fecha: lo había leído en una historia básica de la hechicería.
La primera vez que Harry Potter había derrotado a Voldemort había sido en un Halloween. Sus padres habían muerto esa noche.
Debería sentirse triste. O al menos eso pensaban.
Pero cada año, su amigo disfrutaba ese día al igual que ellos, con el banquete y la tradicional visita a Hogsmeade. Y en eso, Ron y ella supieron que todo estaba bien.
Harry reía.
O quizá, pensó Hermione, se debía a un exceso de azúcar.finis
Octubre 31, 2003